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Una noche en el teatro

Anoche fui al teatro por tercera vez en mi vida; segun creo que recordar - las dos ultimas para un concierto y la primera para una representacion teatral siendo un tierno infante -. Fue de lo mas emocionante lo de buscar una plaza de aparcamiento -en un parkin- con la hora justa. Llegamos sin resuello al gallinero y nada mas entrar yo, el publico prorrumpio en aplausos; pero yo a esas cosas no les doy mas valor del que tienen. Hice una reverencia y justo cuando me disponia a leer unas palabras que habia preparado antes de salir de casa -pues nunca se sabe cuando puede ser tu noche-, se apagaron las luces y comenzo a tocar la orquesta. Creo que era algo de Rosini -el de los canelones, supongo- pues empezo a sonarme la tripa, al son de la percusion, con el consiguiente enfado del respetable. El director, por su parte, no paraba de gesticular y hacer ademanes a la orquesta para que espabilase; pero ni por esas. La gente tosia en los entreactos en vista de que aquello iba de mal en peor.
Al final el director, visto el percal, cogio un violin y se puso a tocar el mismo como un poseso. Durante el segundo acto los percusionistas brillaron por su ausencia pues se ve que aprovecharon el descanso para huir en desbandada; lo cual me lleva a sospechar si serian de algun grupo cubano, que ha venido a España de gira, con intencion de desertar. De todas formas no vi a ninguno de color entre ellos pero ya se sabe que de noche todos los gatos son pardos.

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